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Municipio
Llagostera
Entre Cassà de la Selva y Santa Cristina de Aro se encuentra el municipio de Llagostera. Pertenece a la comarca del Gironés y sus orígenes se remontan al paleolítico, documentándose la existencia en la zona diversos núcleos habitados.
Sin duda, el momento más relevante para la villa llegaría en el siglo XVIII cuando, gracias a la prolífica industria corchera, gran motor económico de la zona, Llagostera despertó una intensa actividad industrial que impulsó el desarrollo de esta población que no ha dejado de crecer hasta convertirse en el actual municipio.
La villa atesora varias muestras de patrimonio arquitectónico enclavados algunos en el bonito barrio de Reramur. Éste marcaba los límites del pueblo en torno al castillo y a la iglesia y es un claro ejemplo de la configuración medieval amurallada de esos tiempos.
Sin duda, uno de los edificios más emblemáticos de la localidad es la iglesia de San Feliu, del siglo IX. Poco queda ya del templo original que sufrió varias remodelaciones y que, por tanto, conserva elementos góticos y barrocos.
Tiene planta rectangular y una única nave que culmina en un ábside de forma poligonal y a cuyos lados presenta varias capillas, destacando la del Sagrado Corazón. Se tienen noticias de la existencia de un altar construido en honor a Sant Julià a finales del siglo XV, aunque no queda ningún vestigio de ello, así como tampoco del retablo barroco que fue destruido en la Guerra Civil.
También se pueden visitar los restos del castillo de Llagostera, que fue de propiedad real y posteriormente pasó a los señores de Montcada.
Para conocer la historia de la población se recomienda acercarse hasta Can Caciques, un Centro de Interpretación donde se guardan diversos restos arqueológicos, así como parte de la muralla y el castillo.
Además, desde 1982, la plaza del Castell acoge un monumento que evoca los tiempos en que la villa fue gratificada con el privilegio real, concedido también a Caldes de Malavella en 1241, cuando ambos municipios formaban una alcaldía real, redimiéndolas de ciertas cargas feudales.
La economía se basa principalmente en el turismo, la industria del corcho y los piensos dedicados a la ganadería. En cuanto a las festividades, se celebra la Festa del Bolet en octubre, donde se realizan diversas actividades y el Mercat Romà en abril, donde el casco antiguo se transforma en un campamento y mercado ambientado en la época romana con diversas actividades. También se celebra la Festa Major en junio.