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Cultura
Alcázar de Albarracín
Único yacimiento arqueológico medieval actualmente visitable en la comarca aragonesa, localizado en el extremo suroeste de Albarracín, pertenece junto a la torre del Andador y a la torre de Doña Blanca al conjunto defensivo de la ciudad.
Su origen data del año 965 en pleno dominio musulmán, regentado por el clan de los Banu Razín. Posterior a la disgregación del califato, el castillo se transformó en la alcazaba por el nuevo soberano de la Taifa de Albarracín, manteniéndose como alcazaba hasta la última ocupación del mismo por Felipe II en el último tercio del siglo XVI. Posteriormente fue desmantelada en el siglo XVIII por Felipe V quedando prácticamente en ruinas.
El proceso de recuperación se desarrolló en torno a 1993 y 1995, no solo del castillo también de la muralla, para su futuro disfrute turístico dejando un único acceso de los tres que disponía en la antigüedad.
Algunas de las curiosidades halladas en diferentes excavaciones arqueológicas son el descubrimiento de un edificio de grandes dimensiones en la parte alta del Castillo con un patio central, “hamman” o baño caliente dotado de una cámara inferior para la circulación de aire caliente y una sala de fuego con letrina. Todo ello indicativo del estatus social de la corte de taifa, pues el agua tenía una gran importancia simbólica.
Destacar la intervención arqueológica dirigida por Antonio Hernández Pardos entre 2004 y 2006, descubriendo interesantes conjuntos de cerámica medieval que han pasado a formar parte del Museo de Teruel. Indican una clara transición urbanística acaecida en torno a los siglos XI y XVI en el que la zona sur fue evolucionando, con la incorporación de diversas viviendas palatinas y la amplia transformación en el uso de espacios y poniendo de manifiesto la dependencia de centros alfareros almohades.