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Municipio
Pomar de las Montañas
Pomar de las Montañas, oficialmente El Pumar, es una pequeña aldea de la parroquia de Las Montañas del concejo de Cangas de Narcea. Esta entidad de población se encontraría completamente deshabitada de no ser por un complejo hotelero que rehabilitó la totalidad de las casas del pueblo para convertirlas en estancias de turismo rural. La adaptación a los nuevos tiempos puede sentirse en Pomar de las Montañas, ya que goza de todas las comodidades del siglo XXI mientras sigue conservando la esencia de la arquitectura tradicional asturiana. Gracias a este proceso de reconversión, Pomar de las Montañas vuelve a bullir de gente que busca desconectar en un apacible lugar rodeado de naturaleza.
El entorno de Pomar de las Montañas es uno de los más inhóspitos de Asturias, pues más de 15 km de pistas forestales y senderos separan esta población de la aldea de Armenande, el siguiente núcleo habitado más cercano. Un extenso bosque de más de 4 millones de pinos radiata (Pinus insignis), introducidos en España desde el sur de California en el siglo XIX, tupe las lomas de las montañas colindantes. En este gran pinar conviven otras especies de flora donde se cobijan una amplia variedad de fauna autóctona como jabalíes (Sus scrofa), rebecos (Rupicapra pyrenaica parva), urogallos (Tetrao urogallus), águilas reales (Aquila chrysaetos homeyeri) y zorros (Vulpes vulpes). Esta vasta floresta es además, un lugar de tránsito de uno de los emblemas asturianos, el oso pardo (Ursus arctos arctos), por lo que conviene transitar por la zona pendiente de lo que nos podemos encontrar a nuestro alrededor.
Desde Pomar de las Montañas parten cientos de km de pistas forestales ideales para hacer senderismo o cicloturismo. Existen rutas que se dirigen hasta altos picos donde ver desde arriba el valle del río Pomar; disfrutar de la tranquilidad y de la soledad del bosque, otras rutas que siguen la ribera del río Pumar en compañía de truchas (Salmo trutta) y nutrias (Lutra lutra); donde el relajante fluir del agua acompaña al caminante, así como sendas culturales; como la Ruta del Oro; donde entrar en contacto directo con los vestigios mineros romanos del pasado.