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Cultura
Monasterio de Santa María de Óvila
En el año 1175 Alfonso VIII de Castilla, con el fin de afianzar su poder en las tierras recientemente ganadas a los musulmanes, dona a los monjes cistercienses la carta fundacional para construir el Monasterio de Santa María de Óvila.
Las obras del monumental complejo arrancarían en 1181 en Murel, cercad del puente romano del mismo nombre, y se alargarían durante cinco años en los que se levantaron la abadía, las dependencias monacales, el claustro y la iglesia
El primer Abad, Pedro y los demás monjes que conformaban la comunidad originaria, provenían de la abadía de Valbuena, Valladolid.
Según los documentos encontrados, la iglesia presentaba planta de cruz latina con una nave dispuesta en cuatro tramos más el ancho del crucero. La cabecera contaba con tres ábsides, y en su parte central existía un presbiterio de planta cuadrada. Todas las naves que conforman la abadía estaban cubiertas por bóvedas de crucería apuntadas y la portada rebosaba de decoración siguiendo el estilo manierista.
Hasta el siglo XV el monasterio fue centro cultural y económico, pero las continuas guerras civiles provocaron el éxodo de la población de la zona y la adquisición por parte de la aristocracia de parte de las posesiones que el monasterio tenía en distintos municipios propiciaron la lenta decadencia del complejo, a lo que también contribuiría el incendio que destruyó la biblioteca n el siglo XVIII.
Finalmente, tras la Desamortización de Mendizábal, todos los bienes fueron vendidos o pasaron a manos del estado que, poco después lo vendería al director del Banco Español de Crédito.
En 1929 es comprado por Arthur Byne, agente de William Randolph Hearst, un conocido magnate de la prensa estadounidense. Así comenzó el desmontaje del complejo ya que Herst pretendía volver a montarlo en una mansión que poseía en California. Pero, por vicisitudes del destino todas las piedras quedaron abandonadas en un muelle de San Francisco durante muchos años hasta que fueron descubiertos por los monjes de la abadía de New Clairvaux (California) y pasaron a formar parte de su monasterio en Vina.
En 1931, cuando ya el expolio y traslado de las piedras se había producido, fue declarado Monumento Nacional, pero ya solo quedaban las ruinas de lo que un día fue una gran abadía.
Durante la Guerra de Independencia sirvió como cuartel para los franceses, los cuales tras abandonarlo lo saquearon. Posteriormente las tropas españolas celebraron la Junta de Defensa de Guadalajara.
Actualmente al ser una propiedad particular, únicamente se puede observar de lejos las ruinas de las que destaca los restos de la iglesia, distinguiendo diferentes muros o arranques de bóvedas. También la bodega de recia sillería y bóveda de cañón que datan del siglo XIII, del claustro construido a partir de 1617 únicamente quedan dos costados de doble arquería de estilo clasicista y la espadaña de tres vanos para campanas de la iglesia, obras del siglo XVII.