
Puntos de Interés
Infraestructura
Puente de los Urrietas
De entre los antiguos puentes que salpican los alrededores de Pereruela, el Puente de las Urrietas es sin duda el que mayor carga ha soportado a través de los siglos, debido al trajín que durante años hubo por la calzada mirandesa, que en paralelo al río Duero lo cruzaba.
A causa de este uso continuado, el Puente de las Urrietas sufrió una serie de reconstrucciones encaminadas a paliar su desgaste, conociendo, que se sepa, al menos tres diferentes. Por un lado, estaría la obra original, seguida de una segunda remodelación entre el siglo XV y el siglo XVI, y una tercera ocurrida a finales del siglo XVIII. Sin olvidar la última restauración llevada a cabo recientemente, cuando se aprovechó para colocar próximo al puente un merendero público.
No obstante, la época en que fuera erigido no está del todo clara. Siempre se consideró que el Puente de las Urrietas pudo tener su origen durante el mandato del Emperador César Augusto, es decir, durante los primeros compases de nuestra era, deduciendo que, si la vía romana pasaba por aquí, entonces no había duda que tuvo que haber un puente que salvase el río. Sin embargo, gracias a una serie de documentos sacados a la luz en 2002, se ha revelado que cada reforma supuso una nueva reconstrucción que intentó emular la anterior, dando lugar a la actual composición del puente, donde el estilo romano y medieval se dan la mano.
Sea como fuere, no cabe duda que el puente tenía un cometido claro: permitir cruzar la rivera de Sobradillo, un pequeño arroyo de crecida puntual originado únicamente durante episodios continuados de lluvias. Para ello, los ingenieros idearon un paso de piedra, de 20 m de longitud medidos desde sus estribos (elementos estructurales sobre los que se apoya el puente en sus extremos) para poder sortear las temporadas en los que por rivera bajaba un caudal intransitable.
Formado por tres arcos; siendo el mayor el situado en el centro, y cuatro tajamares (las estructuras basales entre los ojos del puente que redirigen el agua hacia ellos), el puente de las Urrietas muestra algunos síntomas de abandono.
Especialmente llamativa es la vegetación que se abre hueco entre sus grietas y, durante los meses de floración, la hierba lagunera (Anunculus trichophyllus) que otorga un tupido manto blanco al cauce.
Podría decirse que es a partir de este punto donde se establece una frontera natural en el paisaje del camino, dejando atrás la típica estepa cerealista de la meseta castellana, para toparse con los primeros atisbos de dehesa mediterránea, donde predominan el ganado y los bosques de encinas (Quercus ilex). Estos cambios son consecuencia de una orografía más abrupta, pasando de llanuras sedimentarias de depósitos fluviales a afloramientos rocosos de granito, muchos de ellos con formas redondeadas conocidas como “bolos”.