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Culture
Jardín del Príncipe
El Jardín del Príncipe es un extenso parque de 150 ha ubicado al noreste del Palacio de Aranjuez, entre el río Tajo y la calle de la Reina. Fue mandado construir por Carlos IV en el siglo XVIII y fue reconocido como Bien de Interés Cultural en 1931 y como Patrimonio de la Humanidad en 2001, formando parte de la declaración del Paisaje Cultural de Aranjuez.
Este jardín es el resultado de la unificación de diferentes intervenciones previas, como la huerta de la Primavera de Felipe II y el embarcadero de Fernando VI, junto con la adición de nuevos jardines con estilos paisajistas inglés y francés. Estos nuevos jardines incluyen especies exóticas traídas desde los territorios españoles de ultramar.
El Jardín del Príncipe cuenta con imponentes puertas de entrada de estilo neoclásico, diseñadas por el destacado arquitecto Juan de Villanueva. Antes de llegar al río Tajo, se puede apreciar la antigua huerta de la Primavera. En este punto se encuentra el embarcadero, que está precedido por una glorieta con cinco pintorescos pabellones. El más grande de ellos es el Pabellón Real, construido por Bonavia en 1754.
También se puede admirar un pequeño jardín octogonal que servía como patio de honor, separando el pabellón principal de la calle del Embarcadero.
El Gran Pabellón, construido por orden del padre de Carlos IV, el rey Carlos III, era el espacio frecuentado por el futuro monarca para disfrutar de las hermosas vistas que ofrecía.
Entre los elementos que embellecen el jardín se encuentran varias fuentes, incluyendo la Fuente de Narciso, diseñada por Joaquín Dumandre, y la Fuente de Apolo, que es una réplica de la que se encuentra en el Palacio Real de La Granja de San Ildefonso. En el Estanque de los Chinescos se puede contemplar un pequeño templo neogriego, obra de Villanueva, con magníficas columnas jónicas de mármol, además de un pequeño pabellón de madera de estilo chinesco.
En el extremo oriental del Jardín del Príncipe se encuentra la Casa del Labrador, un conjunto arquitectónico que se transformó en un extraordinario palacete neoclásico, siguiendo el exquisito gusto de Carlos IV.
Dentro de los jardines también se encuentra el Museo de Falúas Reales, que alberga una colección de embarcaciones utilizadas para pasear por el río Tajo.