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Culture
Salinas Reales

Cerca del Páramo de Masa aparece un afloramiento salino que da nombre al municipio burgalés de Poza de la Sal. Este diapiro consiste en un cráter de más de dos kilómetros de diámetro, en cuyo fondo se localiza el Salero. En su centro se encuentra el antiguo asentamiento de El Castellar. Pese a que el lugar fue explotado desde la prehistoria, no fue hasta la ocupación romana cuando la obtención de sal se intensifica y se crean puentes y caminos para su comercialización.
La corona castellana siempre ejerció un fuerte control sobre la explotación y comercialización de la sal, concediendo privilegios constantes a entidades religiosas o particulares. En esta línea, destaca especialmente la racionalización de las salinas que Felipe II lleva a cabo en 1564.
La extracción de la sal se realizaba a través de la excavación de pozos de unos 40 m de profundidad por un metro de sección que permitía acceder a la veta. Uniendo los pozos entre sí mediante galerías, se introducía agua dulce para que disolviese la sal y se obtenía una salmuera que se vertía en las granjerías -estanques impermeabilizados donde la sal forma costras debido a la evaporación del agua-. En este punto, la sal se amontonaba y se almacenaba hasta que los arrieros se encargaban de su distribución para la comercialización.

En estas salinas se encontraba la Casa de Administración de las Reales Salinas, cuya construcción fue impulsada por la Hacienda Real de Carlos III en 1786. Hasta 1868 se encargó del control y la administración de la producción, elaboración, almacenamiento y distribución no solo de esta salina, sino también de las de Añana, Buradón y Herrera en Álava, y del Rosío en Burgos. En los años posteriores se empleó para diversos usos y, en los años 60 del pasado siglo, se lleva a cabo la construcción de un nuevo edificio. Actualmente, en sus sótanos, se encuentra el Centro de Interpretación Las Salinas.