
Puntos de Interés
Vegetación
Bosque y Matorral Mediterráneo
Siguiendo el recorrido del río Guadiana se desarrolla un ecosistema fascinante: el bosque y matorral mediterráneo. Formado por áreas no utilizadas para cultivos o pastoreo, donde el suelo permite un desarrollo abundante de la vegetación. Este tipo de bosque se adapta a las condiciones meteorológicas, marcadas por grandes variaciones de temperatura y sequías en verano, lo que da lugar a dos tipos de espacios: las umbrías y las solanas.
En las umbrías, la humedad es mayor y las temperaturas son suaves, encontramos un bosque primitivo. Aquí, los alcornoques, quejigos, arces y cornicabras forman el estrato arbóreo. Bajo ellos, un denso sotobosque se compone de madroños, ruscos, mirto y brezo blanco, creando un entorno lauroides que recuerda a climas subtropicales de tiempos antiguos. Por otro lado, las solanas son áreas adaptadas a la sequía y altas temperaturas estivales. Aquí, la encina es la protagonista, acompañada por acebuches en las zonas más cálidas. El sotobosque presenta especies perennes, aromáticas y de hojas gruesas que ayudan a reducir la evapotranspiración.
Las plantas del bosque mediterráneo muestran adaptaciones notables, como hojas coriáceas en especies perennifolias como las encinas y las coscojas. Además, algunas plantas tienen espinas foliares y desarrollan brotes lignificados de forma rápida, mostrando una sorprendente resistencia. En función de las condiciones del suelo, podemos ver la presencia de retamas en suelos más profundos y húmedos, mientras que, en suelos más pobres y expuestos al sol, la jara se hace presente.
La diversidad biológica de este espacio se refleja en la presencia de aves como el águila imperial, buitre negro, águila calzada y águila culebrera, que encuentran en las copas de los árboles un lugar ideal para anidar. Además, mamíferos como el lince, la gineta, el gato montés y el meloncillo también encuentran en este bosque su hogar. En los límites del bosque se desarrolla, la dehesa, moldeada por la mano del hombre, demuestra un equilibrio armonioso entre la naturaleza y la intervención humana. Grullas, venados, jabalíes, cigüeñas y garcillas comparten el espacio con el ganado, mientras grandes rapaces y pequeños pajarillos sobrevuelan la dehesa en busca de alimento.