
Puntos de Interés
Municipio
Ojacastro
Ojacastro se encuentra en el sector occidental de La Rioja, en el Alto Valle del Oja, a 792 m de altitud. El municipio está rodeado por suaves elevaciones que oscilan entre los 1200 y 1300 m, como el monte Chocolla, Larrizabala y Campo Larrea. Su clima es serrano, con inviernos largos y húmedos.
El término municipal está compuesto por la villa de Ojacastro y las aldeas de Tondeluna, Arbiza, Uyarra y San Asensio de los Cantos, aunque antiguamente existieron hasta doce núcleos de población. La economía local ha estado ligada tradicionalmente a la ganadería vacuna, hoy complementada con cultivos de patatas, legumbres y productos hortofrutícolas.
Este territorio estuvo habitado desde tiempos muy antiguos. Se han hallado restos del Neolítico, como puntas de flecha y hachas de pedernal, de la Edad del Hierro y de la Edad del Bronce, entre ellas una punta de lanza de bronce, así como evidencias de un asentamiento romano en la falda sur de la Peña San Torcuato.
Las primeras referencias escritas datan del año 939, cuando Ojacastro aparece como cabeza del valle. Tras la repoblación impulsada por los reyes navarros en el siglo X, el territorio pasó a formar parte del reino de Castilla en 1074. Durante siglos el euskera estuvo muy presente en la zona, hasta el punto de que el fuero concedido en 1200 permitía su uso en las instituciones.
El nombre de Ojacastro ha tenido diversas formas a lo largo del tiempo. El término “Oja” podría proceder del euskera, apoyándose en grafías antiguas como “Ogga” u “Oia”, que podría significar “bosque”; o del latín, en el que se relaciona con la abundante vegetación del río Oja, un derivado de “folia” “hoja” .“Castro”, alude probablemente a una antigua fortificación situada en la Peña San Torcuato, origen del primer asentamiento.
Entre sus principales elementos patrimoniales destacan: la casa de los Merino o palacio de Mariaca; la ermita románica de la Ascensión en San Asensio de los Cantos, declarada Bien de Interés Cultural en 1983, y la iglesia parroquial de San Julián y Santa Basilisa, del siglo XVI y también Bien de Interés Cultural, que conserva elementos del templo románico anterior. Su portada plateresca y el retablo mayor barroco de nogal, fechado en 1696, constituyen algunos de sus principales atractivos, junto al gran escudo de los Velasco en la cabecera.
Las tradiciones siguen muy vivas en la localidad. A lo largo del año se celebran diversas fiestas, como San Julián y Santa Basilisa en enero, San Antón con el reparto de habas, o la romería de La Magdalena en julio. El último fin de semana de agosto tiene lugar las Fiestas de Gracias, dedicadas a agradecer las cosechas y acompañadas por el grupo local de danzas.