
Puntos de Interés
Orografía
Peña San Torcuato
La Peña San Torcuato, con sus 1106 m de altitud, constituye uno de los perfiles más reconocibles del paisaje a la entrada del valle de Ezcaray. Su nombre podría estar relacionado con el propio topónimo de la localidad, de origen vasco: haitz (peña) y garay (alta), es decir, “roca elevada”, una posible alusión a esta característica formación conocida también como la picota de San Torcuato, que se levanta en la margen derecha del río Oja.
Desde el punto de vista geológico, el enclave resulta especialmente interesante. En este lugar se aprecia el contacto entre los conglomerados del Oligoceno, y las calizas y dolomías del Lías (Jurásico). Estas últimas afloran en la peña formando llamativos estratos verticalizados, a modo de crestón, visibles tras la ermita de Nuestra Señora de Allende.
La naturaleza caliza de la peña explica también su comportamiento hidrogeológico. A diferencia de materiales como cuarcitas, pizarras o esquistos, abundantes en otras zonas de la Sierra de la Demanda y poco permeables, las calizas jurásicas se disuelven con relativa facilidad por la acción del agua. La lluvia se infiltra, ensancha grietas y crea cavidades que facilitan la circulación subterránea. Esta elevada permeabilidad permite la acumulación de agua en el acuífero Pradoluengo-Anuiano, que aflora en distintos puntos al pie de la montaña.
En la base de la peña surgen dos importantes manantiales. El de la Peña San Torcuato es uno de los más caudalosos de la zona, con un caudal medio aproximado de 27 l por segundo. Otro, aún más abundante, se encuentra en una propiedad privada cercana. Además, a unos 300 m brota un pequeño manantial que abastece las dos fuentes situadas junto a la Ermita de Nuestra Señora de Allende: la superior, construida en sillería en 1873, constituye la primera salida del agua, mientras que más abajo se localiza su sobradero, junto al camino.