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Infraestructura
Estación de Ezcaray
El ferrocarril Haro-Ezcaray, una línea que marcó un hito en la historia del transporte en La Rioja, tuvo un impacto significativo tanto en la economía local como en el desarrollo de la región. Su historia comienza a finales del siglo XIX, cuando en 1898, varios industriales de Ezcaray impulsaron la idea de construir un ferrocarril que conectara la localidad con Haro. Sin embargo, la línea no se inauguró hasta el 9 de julio de 1916 tras tres años de construcción.
Se preveía que la línea atendería a más de 25.000 personas y transportaría unos 137.000 viajeros anuales, además de impulsar el transporte de minerales como el hierro y cobre desde las minas cercanas. También se esperaba que facilitara la comercialización de los productos agrícolas de la vega del Oja y los recursos forestales del valle de Ezqueray, claves para la economía local.
En sus primeros años de funcionamiento, el ferrocarril operaba con Trenes de Correo, ofreciendo vagones de 1ª, 2ª y 3ª clase, y cubriendo el trayecto entre Haro y Ezcaray en 1 hora y 34 minutos.
A pesar de los inicios prometedores, a partir de 1936, la competencia del transporte por carretera y la falta de modernización provocaron su declive. La línea cerró definitivamente el 16 de enero de 1964 y las vías se desmontaron pocos años después.
El edificio de la antigua estación de Ezcaray, construido en 1916, respondía al modelo habitual de las estaciones de pequeña línea de principios del siglo XX: planta rectangular, estructura sólida de fábrica de mampostería y ladrillo y una composición sencilla y funcional, pensada para combinar el servicio de viajeros y mercancías. Hoy, completamente rehabilitado, el inmueble ha recuperado protagonismo como restaurante, conservando su carácter histórico y manteniendo vivía la memoria del antiguo ferrocarril.
El 16 de enero de 1964 se produjo el cierre definitivo de la línea, que durante casi 48 años conectó las dos localidades. Las vías fueron desmontadas en 1970, pero el recuerdo de aquel ferrocarril sigue presente en la historia de Ezcaray. En su momento, la línea ofreció empleo a hasta 101 trabajadores en su mejor momento, convirtiéndose en un motor económico para la región durante su existencia.