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Cultura
Castro de Castromao
El Castro de Castromao es uno de los yacimientos más representativos de la cultura castreña del noroeste de la Península Ibérica. Este asentamiento galaico-romano se identifica con la antigua Coeliobriga, considerada la capital del pueblo de los coelernos, una de las comunidades indígenas que habitaban Galicia durante la Edad del Hierro y el proceso de romanización. Por tanto, el asentamiento estuvo ocupado durante un largo periodo, aproximadamente entre los siglos VII-VI a. C. y el siglo II d. C.
Las excavaciones arqueológicas han sacado a la luz piezas de gran valor histórico, actualmente conservadas en el Museo Arqueológico Provincial de Ourense. Entre los hallazgos destacan varios trisqueles, uno de ellos calado, una figura zoomorfa única y un tesoro compuesto por 64 monedas del siglo I. También se descubrió una Tabula Hospitalis, una placa de bronce fechado en el año 132 d. C. que recoge un pacto de hospitalidad entre los habitantes del castro y el mando militar romano. Todos los hallazgos indican que se trataba de una comunidad compleja en la que, además de agricultores, vivían distintos artesanos como alfareros, herreros y orfebres.
El estudio del yacimiento permite comprender la evolución de los primeros asentamientos del noroeste peninsular desde la Edad del Bronce. Las viviendas muestran cómo las construcciones pasaron de tener planta circular a adoptar formas rectangulares, y cómo los materiales iniciales (madera, barro y paja) fueron sustituidos progresivamente por la piedra. Además, el enclave ofrece información sobre el proceso de romanización del territorio y sobre la transición económica que llevó a muchos habitantes de los castros a dedicarse a la agricultura, lo que provocó el desplazamiento progresivo de las poblaciones hacia los valles.
El castro se sitúa en la cima de una colina desde la que se domina el valle del río Arnoia. El asentamiento contaba con alrededor de setenta edificios. Estaba protegido por una muralla tan ancha, que funcionaba además como vía principal de comunicación. Tras la romanización, llegó a extenderse más allá de los límites que hoy marca la muralla visible.