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Municipio
Aldeadávila de la Ribera
Apostada en lo alto de una loma que mira al río Duero desde el extremo occidental de la provincia de Salamanca, se halla inmutable al paso del tiempo, tal y como sugirió Miguel de Unamuno, Aldeadávila de la Ribera.
Debido a su ubicación geográfica, a orillas de los denominados Saltos de Duero y en pleno corazón del Parque Natural de Arribes del Duero, esta localidad riberana ha sido testigo de la repentina reconversión socioeconómica del siglo XX. La Aldeadávila de Unamuno no es la misma que actualmente conocemos pues, gracias a la presa y al espacio natural, la economía se ha diversificado pasando de un modelo basado en el sector primario,principalmente ligado al aceite y al vino, a uno más modernizado, apoyado en la generación de energía hidroeléctrica y en el turismo rural.
Como ocurrió con la aneja Corporario, el primer registro documental de Aldeadávila tuvo lugar en 1265 a raíz de un préstamo efectuado por la Iglesia de Salamanca para que ésta, y otras poblaciones aledañas, financiasen la construcción de sus respectivos templos. No obstante, algunos estudios sitúan su origen en un asentamiento musulmán, basándose en el topónimo de la urbe (Aldea-Dauila) y de varias calles y parajes. Esto, unido a las abundantes leyendas con protagonistas árabes, pone de manifiesto la presencia musulmana en esta tierra. Fue en aquellos compases de la Reconquista que el Reino de León incorporó Aldeadávila a sus dominios y la repobló, según parece, con gentes de Galicia, Asturias y otros puntos de Castilla. A partir de aquel momento, Aldeadávila deja de ser un enclave fronterizo y comienza una época de crecimiento y expansión, alejada de las guerras que acontecerían en el seno de Castilla, aunque siempre con el ojo puesto en la cercana Portugal.
Las posibilidades para el turista en Aldeadávila son inmensas. De hecho, el pueblo cuenta con una oficina de turismo, situada en la reformada Ermita de San Sebastián, para orientar a los visitantes por distintos escenarios. Una buena forma de empezar un día en Aldeadávila sería realizando una ruta hasta cualquiera de los numerosos miradores del Duero y maravillarse con las impresionantes vistas. La jornada podría completarse con la visita a alguna de sus muchas bodegas y catar los vinos con denominación de origen Arribes, o realizar un crucero en barco a través de los cañones del Duero.
Para los más aventureros, existe la posibilidad de alquilar piraguas, bicicletas y otros vehículos para internarse en la naturaleza. Una buena forma de poner punto y final a la jornada podría ser paseando por la propia Aldeadávila, descubriendo la arquitectura tradicional diseñada a base de sillería de granito. Hay otros edificios de notable atractivo, como la iglesia parroquial de San Salvador erigida en 1595, cuyo tañido avisa a los vecinos de toda clase de acontecimientos. Por otro lado, existen varios templos más de alto valor cultural como son el convento franciscano de La Verde, situado en el poblado Salto de Aldeadávila, la ermita de la Santa o Nuestra Señora de las Huertas, y la Ermita del Santo Cristo del Humilladero. También merece una visita obligada el Palacio del Marqués de Caballero, un edificio civil construido hacia 1771 al estilo neoclásico.
El patrón de Aldeadávila de la Ribera es San Bartolomé, a quien se celebra cada 24 de agosto en las conocidas Fiestas del Toro. Durante cuatro días los festejos taurinos y encierros son los protagonistas entre desfiles de carrozas, verbenas y concursos de toda índole. Sin embargo, de singular encanto y tradición es la Bufa de San Antón. Se trata de una fiesta pagana de origen vetón que, durante la víspera de San Antón, cada 16 enero saca a la calle a los vecinos para ahuyentar con cencerros y coloridas cintas a los malos espíritus, interpretados por dos personas disfrazadas de ‘la Urga’ y ‘el Judas’.