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Municipio
Poblado de la Rachita
Mientras que al este de Villarino se levantaba el poblado de Santa Catalina para cobijar a los operarios y obreros de la presa de Almendra y la central hidroeléctrica de Villarino, en el paraje conocido como La Rachita, al oeste del mismo pueblo, se creaba otro poblado destinado a albergar a los “mandos” encargados de aquel colosal proyecto, es decir, a los ingenieros, a los técnicos y a sus familias.
Fue entre las décadas de 1960 y 1970 cuando se construyeron las casas de la cara sur de la loma de La Rachita para los trabajadores más cualificados que Iberduero, hoy actual Iberdrola, mantendría permanentemente en estas instalaciones energéticas de los Saltos del Duero. A fin de atraer a los mejores en su campo, se levantó una urbanización de chalés ajardinados con ciertos lujos poco comunes para la época, como unas piscinas comunitarias, así como un hotel para el personal cuyas estancias se antojasen más cortas. Aunque para muchos, el mayor tesoro oculto en La Rachita era y es, sin duda, sus vistas.
Desde el mirador del poblado, uno puede perderse en la inmensidad del paisaje que el Duero ha horadado en este tramo del río, allí donde se junta con el río Tormes. Da igual la época del año, pues cada estación posee un atractivo único para quienes se acerquen hasta este rincón del occidente salmantino. Justo en frente, al otro lado del Duero, se encuentra Portugal y, a ambos lados, la vegetación cubre la inmensidad, salpicada por viejos bancales donde aún hay olivos (Olea europaea), almendros (Prunus dulcis) y viñas (Vitis vinifera). En las aguas del fondo, barbos (Luciobarbus bocagei), bogas (Pseudochondrostoma duriense) y carpas (Cyprinus carpio) sirven de festín para las rapaces que patrullan el curso del río desde una posición aún más privilegiada que la de los miradores dispuestos en esta parte de Villarino de los Aires.
El poblado, que sigue perteneciendo a Iberdrola, se ha reconvertido en los últimos veranos en un centro de inmersión lingüística para los más jóvenes, en un compromiso fehaciente por parte de la sociedad energética con los territorios donde opera. En estos campus se aboga por la educación de los estudiantes mientras disfrutan de los largos días estivales, en un entorno dominado por el Parque Natural de Los Arribes del Duero. Junto a ellos, aventureros y otros excursionistas que buscan la tranquilidad de la comarca, dan vida al pueblo alojándose en las reformadas viviendas de trabajadores retirados, aprovechando así la compañía, el rédito que proporciona el alquiler de inmuebles turísticos rurales.