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Municipio
Villarino de los Aires
Villarino de los Aires (de villar, pueblo, junto con el diminutivo leonés -inu) es una población y municipio salmantino situado donde el río Duero y el río Tormes se encuentran, conocido este punto como paraje de Ambasguas, flanqueado por sendos cauces y limitando a ambos márgenes con Zamora y Portugal.
Gran parte de su superficie está bajo el área de protección del Parque Natural de Arribes del Duero, conformándose como una puerta de entrada a la parte más meridional de este espacio natural.
Como tantos otros pueblos de la zona, Villarino se originó como consecuencia de la repoblación cristiana llevada a cabo por el Reino de León a este lado del Duero, circunscrito, a partir de su institución, en el concejo de Ledesma desde, como mínimo, el siglo XIII. A finales de la Edad Media, Villarino de los Aires se convierte en uno de los enclaves más prósperos de la región, después de ampliar su dominio territorial a base de la compra de terrenos e incrementar su población gracias, sobre todo, al cultivo de olivo (Olea europaea) y de la vid (Vitis vinifera). No obstante, como acabaría ocurriendo con la inmensa mayoría de pueblos castellanos, para finales del siglo XIX, y de la mano de la industrialización, comenzaría el declive poblacional de Villarino. Esta tendencia fue revertida a mediados del siglo pasado con la construcción del embalse de Almendra, pero, sobre todo, con la central hidroeléctrica que se situaría a escasos metros de la localidad. Muchos de los trabajadores que entonces llegaron acabarían asentándose permanentemente en dos poblados adyacentes, que se reconvertirían poco después en barrios. Pero pese a ello, Villarino no acabaría por revertir la tendencia demográfica negativa.
Sus históricas calles llevan impresa la esencia de sus gentes, el microclima de Los Arribes y la tradición propia de la subcomarca de La Ribera. La típica casa riberana presenta una fachada de cal o de mampostería granítica al descubierto y un balcón sobresaliendo de su segunda planta, siendo este el componente más característico de este estilo arquitectónico. Es frecuente ver estos balcones decorados con motivos florales, así como la inclusión de diferente mobiliario bajo ellos. Resaltando entre todos los edificios singulares de Villarino se halla la Iglesia Parroquial de Santa María la Mayor, construida a partir de un templo más pequeño del siglo XIII, el cual fue sufriendo una serie de modificaciones apreciables en los diferentes elementos: románicos, tardo-góticos, renacentistas y barrocos que la componen.
Una peculiaridad de los villarenses es que poseen un nutrido repertorio de leyendas y creencias paganas que compaginan con su devoción religiosa. Así pues, es común encontrar laurel (Laurus nobilis), la planta de Apolo, protegiendo las casas ante las vilezas de las brujas que, según cuentan, habitaban y celebraban aquelarres en el valle de Zarapaya. De hecho, en 1591 hay constancia de la quema de brujas en Villarino, siendo declarado oficialmente pueblo de brujas por la Inquisición. Contra esta presencia oscura, el pueblo se encomendó a San Juan de Sahagún, quien antaño librase al pueblo de una plaga de pulgones, por lo que la hoguera de San Juan tiene lugar cada 12 de junio en Villarino, en honor a este santo, en vez de la tradicional noche del 24. Por otro lado, el patrón del pueblo es en realidad San Roque, cuyas fiestas se celebran con encierros taurinos en la plaza del pueblo a partir de la segunda semana de agosto. Completan el panorama festivo el lunes de pascua, cuando se celebra el Día del Hornazo, y San Cristóbal, el 10 de julio.