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Municipio
Fermoselle
Cercada en el extremo suroccidental de la provincia de Zamora, entre los ríos Duero y Tormes, se encuentra la histórica villa de Fermoselle (de fermosa, término en desuso de hermosa y ella). Desde luego, su nombre hace honor a la singular ubicación donde se asienta Fermoselle, en los denominados Arribes del Duero, donde tortuosas formaciones rocosas emergen en el paisaje ribereño, propiciando un microclima que permite el atípico cultivo de vides, frutales y olivares en esta parte de la meseta norte.
Fermoselle está situado sobre un asentamiento prerromano con más de 2 milenios a sus espaldas que, posteriormente, sería ocupado por los propios romanos, quienes conectarían la población con Ocellum Duri (Zamora) a través de una de sus afamadas calzadas. Con la caída del Imperio Romano de Occidente, los visigodos ocuparían la zona para más tarde cederla a los musulmanes, quienes dominarían los Arribes hasta el siglo IX, empujados hacia el sur a causa del férreo avance del Reino de León. Es entonces cuando la villa recibe definitivamente el nombre de Fermoselle, siendo mencionada por vez primera en un texto del año 1161. A partir de entonces, Fermoselle se convierte en una plaza fuerte de los reinos cristianos, gracias a su posición y a la fortaleza que corona el pueblo; conocida como Castillo de Doña Urraca por ser aquí donde la reina consorte de León se retiró tras su anulación matrimonial. Más tarde, este mismo castillo serviría como último reducto a los Comuneros, y sería por ello reducido a escombros por orden del rey Carlos V tras la rendición de éstos.
Afortunadamente, el resto del casco urbano de la villa ha sido preservado a través de los siglos, motivo por el que la Comisión de Patrimonio lo declaró Conjunto histórico-artístico en 1974. Por sus empedradas y empinadas calles medievales se alzan casonas y arcos de granito que confluyen en plazas y rincones llenos de encanto, destacando entre todos ellos su representativa Plaza Mayor. En las afueras del pueblo se encuentran los edificios más emblemáticos de Fermoselle, como el Convento de San Francisco; fundado en el siglo XII y hoy reconvertido en centro de interpretación de los Arribes del Duero, o la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción; construida en el siglo XIII y declarada Bien de Interés Cultural desde 2013 por sus singulares retablos, su mobiliario de gran valor y por su estilo arquitectónico (románico, gótico y renacentista se dan la mano en este imponente templo), así como sus fuentes, molinos y miradores circundantes.
El calendario fermosellano tiene un gran número de fechas señaladas por la tradición religiosa. Cada martes de pascua, los vecinos marchan en romería hacia la Ermita de San Albín para degustar hornazo y huevos cocidos mientras que, cada lunes de pentecostés, la romería se desplaza hacia la Ermita de Santa Cruz para rendir devoción a la imagen del Cristo del Pino; una talla encontrada navegando las aguas del río Duero por los labriegos que allí faenaban, según cuenta la leyenda. Pero si por algo se enorgullece Fermoselle es por sus fiestas patronales, dedicadas a San Agustín. Anunciadas ya el día 1 de agosto por la Campana Torera del ayuntamiento, durante la segunda quincena de agosto las calles se abarrotan de gente de todas partes de nuestra geografía para acudir a los encierros; cuyos orígenes se remontan a 1523, y a las verbenas que aquí tienen lugar.