
Puntos de Interés
Hidrografía
Embalse y presa de Villalcampo
Justo después de la desembocadura del río Esla, en el curso medio del río Duero, se encuentra la presa de Villalcampo o, como es más comúnmente llamado, salto de Villalcampo.
Las aguas, que desde la Cordillera Cantábrica leonesa recoge el río Esla a su paso por León y Zamora, terminan desaguando en este punto, formando el embalse de Villalcampo; una acumulación destinada a diferentes usos a lo largo de una extensión de 445 ha, cuya capacidad es de 66 hm3.
Esta obra de ingeniería civil lleva funcionando desde 1949 ininterrumpidamente, incluidos los 3 años, entre 1974 y 1977, cuando fue acometida una reforma en la instalación para aumentar su potencia.
Con una altura de 50 m, el Salto de Villalcampo produce electricidad suficiente como para suministrar luz a 23.000 hogares al año. Esta energía renovable y limpia es generada por dos centrales hidroeléctricas, muy próximas, conocidas como central de Villalcampo I y central de Villalcampo II, cuya potencia instalada es de 96 y 110 MW respectivamente.
La presa de Villalcampo se trata de una presa de gravedad, es decir, está diseñada para retener las masas de agua gracias a los materiales empleados en su construcción; que en este caso se trata de hormigón. Con 4 compuertas dispuestas a través de los 300 m de su coronación, el Salto de Villalcampo puede liberar el exceso de presión que se sucede a consecuencia de las frecuentes crecidas ocurridas en un río tan caudaloso como es el Duero.
Durante la expansión de obras hidráulicas a comienzos del siglo XX en España, se requirió una ingente cantidad de mano de obra que estuviese dispuesta a trabajar en los alejados lugares donde solían construirse estas mega-estructuras. Para ello, la Sociedad Hispanoportuguesa de Transportes Eléctricos; que en 1928 pasaría a denominarse Saltos del Duero y sería el germen de la actual Iberdrola, fundó una serie de poblados cercanos a las estaciones hidroeléctricas con el propósito de atraer a los habitantes de las zonas rurales.
De este modo nació el poblado de Salto de Villalcampo, en el propio término municipal de Villalcampo, en el alto del lóbulo del meandro formado por el río junto a la propia presa. Este emplazamiento gozaba de todas las comodidades y modernidades propias de la época, además de escuela, hospital y una iglesia con los que cubrir los servicios mínimos de toda comunidad.
Lamentablemente, la mayoría de poblados, como el de Villalcampo, fueron paulatinamente abandonados tras la construcción de las presas y centrales hidroeléctricas. Hoy por hoy, el poblado de Villalcampo es un lugar fantasma donde incluso las puertas y ventanas han sido tapiadas para evitar actos vandálicos.