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Parque Natural de los Arribes del Duero
Las últimas etapas del Camino Natural Senda del Duero discurren a lo largo de la frontera entre Portugal y España, al oeste de las provincias de Zamora y Salamanca. En este tramo se encuadra el Parque Natural de los Arribes del Duero, un espacio natural único protegido por múltiples figuras de conservación desde que la Comunidad Autónoma de Castilla y León lo declarara en 2022.
El Parque Natural de los Arribes del Duero goza de una triple protección al formar parte también de la Reserva de la Biosfera Transfronteriza de la Meseta Ibérica y de la Red Natura 2000 de la Unión Europea; como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) y Zona Especial de Conservación (ZEC).
Arribes es un vocablo leonés que hace referencia a las gargantas escavadas por el río, el cual, al encontrarse con materiales graníticos, no puede continuar su descenso si no es encajonándose entre las rocas, creando espectaculares cañones que pueden ser admirados desde los numerosos miradores construidos a ambos lados del Duero.
En estas paredes anidan algunas de las aves más emblemáticas de la península ibérica, tales como el buitre leonado (Gyps fulvus), el águila real (Aquila chrysaetos) y la cigüeña negra (Ciconia nigra); esta última en peligro de extinción en España.
Además, justo en los Arribes del Duero desembocan grandes ríos de la meseta norte; como el Esla y el Tormes, propiciando que esta zona sea un lugar idóneo para el aprovechamiento hidroeléctrico, hallándose hasta 6 embalses y 11 centrales diseminados dentro y fuera del Parque Natural, sin contar las instalaciones portuguesas en la otra orilla del Duero.
La particular orografía del parque, ocasionada por el río Duero y sus afluentes, origina un microclima en toda la región, donde las temperaturas son mayores en verano que las asociadas al resto de la meseta castellanoleonesa y más suaves durante el invierno, con menos días de heladas. Esta climatología ha propiciado el cultivo de especies típicamente mediterráneas, así como la producción vinícola de una uva particular con denominación de origen propia.
Entre sus cumbres y dehesas crece toda clase de flora, aunque es el quejigo (Quercus faginea) el que impera en los bosques, coexistiendo con alcornoques (Quercus suber), encinas (Quercus ilex), almeces (Celtis australis) y matorral mediterráneo. Entre tanta vegetación existen pequeñas jaurías de lobo (Canis lupus signatus), aunque la fauna más característica está asociada a los roquedales y acantilados cercanos al río. Aquí encuentran cobijo hasta 14 especies de murciélagos, nutrias (Lutra lutra), tejones (Meles meles) y tritones (Lissotriton boscai), mientras que en las aguas cristalinas viven especies tan poco comunes como el esturión (Acipenser sturio) o la boga del Duero (Pseudochondrostoma duriense).
Actualmente, los pueblos situados en el Parque Natural de los Arribes del Duero y alrededores viven del turismo ecológico surgido recientemente. El atractivo natural que despierta el parque ha permitido desarrollar la economía de una región donde el declive demográfico ha hecho mella en los últimos siglos. Actividades como el senderismo, avistamiento de aves, pesca deportiva, la navegación o la cultura gastronómica de la región han contribuido a la fijación de población en muchos de los pueblos de los Arribes del Duero.