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Cultura
Puente de Piedra
El Puente de Piedra de Zamora, también conocido como Puente Nuevo, es un viaducto ubicado sobre las aguas del río Duero, en las inmediaciones de la ciudad zamorana, que conecta la localidad con los barrios periféricos, situados al otro lado del río.
Su nombre proviene de la expresión latina Pontem Novum haciendo referencia a la existencia de un antiguo puente romano de anterior construcción, cuyos restos aún son visibles a orillas del río.
Históricamente, ambos viaductos formaron parte de la calzada romana Iter ab Emerita Asturicam, también conocida como el Camino de la Plata, que conectaba Mérida con Astorga.
Con la desaparición del antiguo puente bajo las aguas del río Duero, en el año 1310, este se consolidó como la única forma de cruzar el río.
Su estructura fue empleada para el transporte de viajeros, de mercancías y de ganado. Así como conectaba los barrios del arrabal (Cabañales, San Frontis, Sepulcro o Carrascal, entre otros) con el casco histórico de Zamora.
Durante la Guerra de la Independencia Española, inicios del siglo XIX, se derribó el vano central del puente, para evitar el acceso a la ciudad de las tropas napoleónicas. Y, a finales de siglo, el lamentable estado de conservación del puente obligó a cerrarlo al tráfico. Construyéndose posteriormente el Puente de Hierro, inaugurado en 1900, y el Puente de los Poetas, en 2013. Año en el cual el Puente de Piedra se convierte en un viaducto peatonal.
El origen del Puente Nuevo se remonta al siglo XII, siendo uno de los viaductos más antiguos de la localidad.
Su actual estructura es producto de las diversas modificaciones realizadas sobre la misma. La más destacable fue la agresiva reforma llevada a cabo, a inicios del siglo XX, por el ingeniero Luis de Justo.
Con ella desaparecieron la mayoría de los elementos ornamentales que decoraban el puente, así como las dos torres que bordeaban el acceso al puente. Un proyecto desarrollado en 11 actuaciones que tuvo por objetivo hacerlo más accesible al tráfico de automóviles.
Como curiosidad, las antiguas torres ejercieron una triple función en la Edad Media: sirvieron como elemento de vigilancia, permitían el control del paso de mercancías y garantizaba el cobro tributario del portazgo. Este último era un impuesto sobre el derecho de tránsito que se mantendría en Zamora hasta el siglo XIX.
El diseño original constó de 15 arcos apuntados, con tajamares, espolones, óculos de alivio y arquillos, para contrarrestar el empuje de las aguas del Duero. Pero, en la actualidad cuenta con 16 arcos apuntados, y tan solo con aliviaderos, a modo de arquillos sobre pilas, y tajamares de planta triangular.