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Cultura
Palacio de Villachica
Flanqueado por tres masas de agua; el canal de Toro, al norte; el arroyo de Adalia al este; y el río Duero, al sur, en el valle encajonado entre el Monte la Reina y el Monte San Miguel, se encuentra el antiguo Palacio de Villachica. Este complejo, levantado en el año 1800, fue adquirido mientras aún se estaba construyendo por los Villachica, una familia procedente de la alta burguesía alavesa afincada en Madrid, donde desarrolló actividad comercial, financiera e incluso política durante buena parte de los siglos XVIII y XIX.
La familia Villachica despareció tras la muerte de su último heredero: Luis Villachica, en 1920. Pero el linaje todavía no se extinguió del todo, pues Luis tuvo una hija ilegítima con quien fuera su sirvienta más fiel, aunque ésta no fuera reconocida hasta mucho tiempo después, a la tardía edad de 50 años. La niña, llamada Victoriana y convertida ya en una Villachica de pleno derecho, vivió rodeada de sus sobrinos y sirvientes hasta su muerte en el Palacio de Villachica, conocido hasta ese momento simplemente como Finca San Andrés.
En 1961, al fallecer Victoriana sin descendencia, la Finca San Andrés fue donada a la Diócesis de Zamora, pues su última propietaria fue una mujer muy devota, que donó buena parte de su patrimonio a la Iglesia. Durante varias décadas la finca no fue aprovechada por los mandatarios eclesiásticos de Zamora, por lo que en cuanto tuvieron la oportunidad de deshacerse de los costes ligados a su mantenimiento, lo hicieron sin dudar, vendiéndosela en 1999 a un particular. Este comprador adquirió los terrenos con la idea de emprender un negocio vinícola nada más y nada menos que en el corazón de la Tierra del Vino. Así pues, mandó construir una bodega justo en frente del Palacio de Villachica y sembró los aledaños de viñedos con los que elaborar un vino con Denominación de Origen.
Si bien el Palacio de Villachica aún se mantiene en pie, lo cierto es que hay una serie de naves con el techo vencido y en estado ruinoso, pero otras, como el edificio principal y la capilla, se encuentran en buen estado de conservación. Aunque no se puede visitar por dentro sin autorización, la casa-palacio cuenta con una buena colección de frescos en las paredes, testigos de la opulencia de la familia Villachica durante los casi 200 años que contribuyó al desarrollo de la región.