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Cultura
Ermita de San Miguel
A media subida del cerro hacia el Castillo de Gormaz se encuentra la Ermita prerrománica de San Miguel.
Las teorías de los expertos apuntan a que su construcción pudo haber coincidido con el asentamiento cristiano en la zona, entre finales del siglo XI y principios del siglo XII.
La construcción de aspecto robusto, destaca por su sencillez y por la ausencia de ornamentos en el exterior, siendo el elemento más llamativo su espadaña elevada sobre la cubierta de la nave rectangular, que se une a una cabecera ligeramente trapezoidal. Originalmente debió tener dos puertas, aunque solo se conserva una de ellas.
Un aspecto curioso de este templo es que su portada principal fue trasplantada de otra ermita, ya desaparecida. Este “trasplante” resultó algo tosco y se puede apreciar en el pórtico que se incluyó y bajo el que se cobija un arco de medio punto con tres arquivoltas y cuatro columnas. Actualmente sólo se conservan dos de ellas.
Interiormente se puede contemplar una nave diferenciada del ábside mediante un hueco de forma adintelada con moldura de escayola.
Durante la cuarta década del siglo XI, los muros de la ermita son revestidos por frescos románicos. La técnica empleada fue mixta, fresco-temple, y se utilizaron mayoritariamente tonos amarillos, ocres, rojos y negros. La pintura se aplicó en tres registros superpuestos, quedando la capa inferior completamente perdida actualmente. Este descubrimiento fue posible por el derrumbe del estucado que cubría los muros interiores y relaciona artísticamente esta construcción con las ermitas de San Baudelio, en Casillas de Berlanga, y la ermita de la Vera Cruz de Maderuelo, en Segovia. Sin duda el triángulo de pintura románica más interesante de la Castilla medieval.
Aunque durante mucho tiempo estuvo abandonada, e incluso a punto de convertirse en ruinas, fue restaurada y actualmente aún alberga frescos románicos en muy buen estado de conservación.