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Cultura
Lavadero de Lanas
Desde el siglo XV hasta principios del siglo XIX, Soria se destacó como una de las principales regiones productoras de lana fina en la Corona de Castilla. La mayoría de esta lana provenía de ovejas de raza merina trashumantes y se exportaba a los demás países europeos para la fabricación de paños. Gracias al desempeño del Honrado Concejo de la Mesta, una asociación gremial de ganaderos que operó desde el siglo XIII hasta 1836, la actividad ganadera gozó de una serie de privilegios y protección extensible a toda la península, destacando la conservación de las vías pecuarias y el control de los precios de los pastos.
Después de trasquilar a las ovejas, la lana tenía que ser lavada antes de su exportación. Este proceso reducía significativamente el peso de la fibra, lo que facilitaba su transporte. En la segunda mitad del siglo XVIII, se lavaban más de 50.000 arrobas (575.000 kg) de lana en los lavaderos de la provincia de Soria cada año, el equivalente a la producción de unas 600.000 cabezas. En el término de la ciudad de Soria, a orillas del río Duero, se encontraban tres lavaderos, aunque hoy en día solamente se conserva el Lavadero de Lanas, que probablemente servía como área de clasificación y almacenamiento de la lana antes y después del lavado.
Durante la primera mitad del siglo XX, las lavanderas del Duero desempeñaron un papel vital en el lavado de lana y en la vida cotidiana de la ciudad. En 1900 fundaron su propia Sociedad de Lavanderas de Soria y, poco después, en 1906 desarrollaron un reglamento propio, el cual constituía un convenio laboral en toda regla. Cualquiera podía bajar al río Duero con un petate de ropa sucia y contratar los servicios de las lavanderas, quienes trabajaban por una cantidad mínima de dinero lavando la ropa a mano y entregándola prácticamente seca. En 1932 el Ayuntamiento manifiesta la necesidad de rehabilitar y acondicionar el Lavadero de Lanas, ya que las mujeres venían realizando su trabajo en condiciones muy adversas. Por ello, se incorporan pilas individuales de lavado, grifos a presión y desagües conectados al río. Aunque estos avances mejoraron la calidad del trabajo de las lavanderas, su aprovechamiento fue escaso, ya que, con la llegada de la lavadora y las lavanderías, el lavado manual fue desapareciendo gradualmente hasta su extinción. A modo de homenaje, desde 2023 se encuentra en Soto Playa una escultura de la lavandera, obra del soriano Ricardo González Sainz, para que su entrega y dedicación no queden en el olvido.
En 2015, se llevó a cabo una restauración del Lavadero de Lanas para preservar su historia y autenticidad. Siguiendo los planos originales, se restauró el lavadero con materiales de la época y se añadió una pasarela para facilitar la visita de los turistas. Además de la visita histórica que supone ver el antiguo edificio, el Lavadero de Lanas se utiliza para la representación puntual de obras de teatro y la localización periódica de exposiciones, habiéndose reconvertido así en un centro cultural en todos los sentidos.