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Hidrografía
Río Porcarizas
A 1663 msnm nace el río Porcarizas, nombre que comparte con el valle por el que discurre y el primer pueblo por el que pasan sus aguas. El topónimo “Porcarizas”, derivado de porquerizas, tiene dos teorías populares. La primera sugiere que, aunque la zona es demasiado fría para criar cerdos domésticos, pudo haber estado habitada por una gran población de jabalíes, conocidos también como puercos, lo que habría dado nombre al valle. La otra teoría, proviene del testimonio de un porcaricego que cuenta la historia de unos porquerizos que se quedaron atrapados por las nieves en su recorrido hacia Asturias o Galicia y tuvieron que construir unas porquerizas en la zona para resguardarse. Aunque estos porqueros se fueron, sus construcciones se quedaron y con ellas el nombre.
El río Porcarizas es uno de los afluentes del río Tejeira, que desemboca en el río Burbia. Juntos forman parte de la Reserva Fluvial del río Burbia I, una figura de protección que garantiza el buen estado de conservación de estos ríos, auténticos tesoros ecológicos.
Este es un río típico de montaña húmeda silícea, es decir, que nace en zonas altas y escarpadas, con un caudal permanente todo el año gracias a las lluvias del clima oceánico. Además, su lecho discurre sobre rocas con alto contenido en sílice como las cuarcitas y pizarras que le dan una estructura muy característica. En su tramo superior tiene un cauce estrecho, con mucha pendiente, pero según va descendiendo, se va ensanchando y comienza a tener llanuras de inundación en ciertos tramos.
La vegetación que acompaña al río está compuesta por bosques de ribera, formados principalmente por alisedas con fresnos y sauces. Esta franja verde ofrece refugio y alimento a gran diversidad de fauna. En el agua, escondidos entre plantas y rocas se encuentran la nutria (Lutra lutra) y el desmán ibérico (Galemys pyrenaicus), el cual es muy sensible a la contaminación y cuya presencia es un indicador de la calidad ambiental del río. La presencia de la trucha común (Salmo trutta) es otro indicador de la limpieza de las aguas, y a pesar de algunos obstáculos que limitan su movimiento por todo el río, sigue manteniendo poblaciones saludables.
Además, este río es un paraíso para los anfibios encontrándose diversas especies como la rana bermeja (Rana temporaria), la rana patilarga (Rana iberica), la ranita de San Antón (Hyla molleri), el sapo partero común (Alytes obstetricans), el sapo corredor (Epidalea calamita), el sapillo pintojo (Discoglossus galganoi), el tritón ibérico (Lissotriton boscai), el tritón palmeado (Lissotriton helveticus), el tritón jaspeado (Triturus marmoratus) e incluso la vulnerable salamandra rabilarga (Chioglossa lusitanica).