
Puntos de Interés
Vegetación
Isla Soto de Buicio
El soto de Buicio es una reserva natural de La Rioja, ubicada a pocos kilómetros de la localidad riojana de Fuenmayor y que en parte comparte superficie con la provincia de Álava. Cuenta con una superficie de aproximadamente 30 hectáreas incluidas en el Plan de Especial de Protección del Medio Ambiente Natural de La Rioja como enclave de Excepcional Vegetación de Ribera (ER).
La Isla Soto de Buicio a pesar de tener un origen antrópico derivado de la construcción, en un meandro del río Ebro, del azud de Buicio con fines principalmente hidroeléctricos y agrícolas. Este ha dado lugar a un islote, que a su vez ha permitido la generación de un espacio naturalizado donde se recupera el sotobosque de ribera característico del curso medio del río Ebro, que se encuentra casi extinto debido al intensivo uso agrícola que presenta gran parte del valle.
Como se ha indicado previamente los sotos se desarrollan en dinámica del curso medio, dando lugar a arboledas que hunden sus raíces en el lecho de inundación del río. En el caso del islote de Buicio, encontramos especies vegetales riparias como; chopos (Populus nigra), alisos (Alnus glutinosa), sauces blancos (Salix alba) o fresnos (Fraxinus angustifolia). Gracias a esta cobertura vegetal, a la orilla poco profunda y al fondo pedregoso se conforma un ecosistema en el que habitan especies de peces, mamíferos, anfibios y aves que hace siglos se poblaban gran parte de la ribera del Ebro, pero que actualmente solo encontramos en estos espacios.
En las aguas que rodean la Isla Soto de Buicio habitan especies acuáticas autóctonas como el barbo del Ebro (Barbus graellsi) e individuos exóticos como el siluro (Siluros glanis). Resaltando en este ámbito acuático anfibios comúnmente conocidos, destacando: la rana común (Rana perezi), el sapo corredor (Bufo calamita), la culebra viperina (Natrix maura) o el galápago leproso (Mauremys leprosa). Mientras que, en las orillas de los sotos son comunes especies de mamíferos y aves entre las que sobresalen la nutria (Lutra Lutra), el visón europeo (Mustela lutreola), sin olvidar otras especies menos majestuosas e igual de importantes como los ratones de campo (Apodemus sylvaticus) o el jabalí (Sus scrofa). Entre las aves más avistadas se encuentran el cormorán (Phalacrocorax carbo) o la garza real (Ardea cinérea). Cabe destacar que los sotos son lugares de nidificación y descanso de muchas aves migratorias.
Estos espacios son cruciales no solo desde el punto de vista ambiental y paisajístico, sino que son indispensables para disminuir los impactos socioeconómicos derivados del cambio global y climático que está sufriendo el agro-ecosistema de la viticultura en las comarcas que conforman el curso medio del Ebro. Ya que sirven como amortiguador de las elevadas temperaturas, disminuyen la velocidad de la lámina durante las crecidas, recuperan propiedades organolépticas y productivas del suelo y el agua y favorecen a la mejora de la calidad de vida de los vecinos como espacio de ocio, cultural, deportivo e incluso laboral.