
Puntos de Interés
Infrastructure
Hornos de cal
En las laderas situadas bajo la Peña de San Torcuato, en la zona del monte San Quílez, en Ezcaray, abunda la piedra caliza. Durante siglos, este recurso natural fue aprovechado para producir cal en los hornos que funcionaron en Ezcaray y en la vecina localidad de Ojacastro.
La cal obtenida en estas instalaciones tenía múltiples aplicaciones. Se empleaba en la construcción de casas y tapias, en el encalado de tierras y viñedos, así como en otros usos menores. Su distribución era principalmente a los pueblos de la cuenca. Primero se transportaba en carros y, más adelante, en camiones hasta los municipios más alejados.
Los hornos, construidos en mampostería y revestidos interiormente con barro, medían aproximadamente tres metros de altura y contaban con una circunferencia interior de unos dos metros y medio.
El funcionamiento de las caleras exigía un proceso cuidadoso. Para transformar la piedra caliza en cal era necesario someterla a temperaturas muy elevadas, de entre 1000 y 1200 ºC. Cada hornada comenzaba formando en el interior una bóveda con grandes bloques de caliza, rematando la parte superior con los fragmentos más pequeños. El combustible usado era el brezo o escoba, plantas abundantes en los montes cercanos.
El proceso era largo y exigente. La cocción de la piedra se prolongaba durante tres días completos y requería la presencia constante de tres trabajadores que se turnaban para mantener el fuego. La experiencia era clave para saber cuándo la cal estaba lista: si una barra de hierro podía atravesar la piedra con facilidad y del horno salía un humo blanco intenso, significaba que la transformación se había completado.