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Vegetación
Dehesa
Las dehesas representan una fusión única entre la rica biodiversidad natural y la intervención humana para crear espacios productivos. A lo largo de los siglos, hemos esculpido estos ecosistemas, adaptando gradualmente el entorno para satisfacer nuestras necesidades. La palabra 'dehesa' tiene sus raíces en el latín 'defesa', indicando la defensa de tierras para asentamientos humanos, ganado y pastos.
En regiones con suelos poco fértiles, llevamos a cabo una gestión tradicional al eliminar selectivamente el bosque mediterráneo y el matorral. Esto da lugar a un paisaje de árboles dispersos y pastizales que benefician al ganado. En el corazón de la dehesa, los árboles del género Quercus, como encinas, alcornoques, quejigos y robles melojos, dominan el paisaje. La presencia de arbustos es esencial, proporcionando refugio y alimento para la vida silvestre y contribuyendo a la regeneración del arbolado. La diversidad de flora incluye escobonales, jarales y cantuesares, entre otros.
La dehesa es hogar de una biodiversidad impresionante, desde el cerdo ibérico criado extensivamente hasta especies amenazadas como el águila imperial ibérica, el lince ibérico y el buitre negro. Más allá de su importancia económica, la dehesa ofrece servicios ecosistémicos vitales, como la producción de carne, queso, miel y corcho, así como la regulación climática, purificación del agua y conservación de la biodiversidad genética. No obstante, la dehesa enfrenta desafíos, como el envejecimiento del arbolado, la baja regeneración, amenazas de plagas y la gestión inadecuada de los recursos hídricos.