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Cultura
Torre de Álvar Ruiz
La Torre de Álvar Ruiz, se alza junto a la carretera N-322, muy cerca de Balazote (Albacete), como uno de los elementos patrimoniales más representativos del entorno del río Jardín. Aunque se encuentra dentro de una finca privada y no es visitable, su silueta destaca entre almendros y pinares, visible desde la vía, evocando las antiguas torres defensivas que protegían los campos y caminos de la Mancha oriental.
De planta cuadrada y unos diez metros de lado, la torre conserva tres alturas construidas con muros de mampostería y reforzadas con sillares en las esquinas. Las saeteras que aún se distinguen en sus muros recuerdan su función original como torre de vigilancia y refugio, concebida para controlar los caminos y tierras de labor del valle. En su parte superior debió de contar con un adarve o terraza defensiva, sustituido más tarde por el actual tejado a cuatro aguas.
Su denominación hace referencia a Álvar Ruiz, un caballero de linaje local vinculado al territorio durante los últimos siglos de la Edad Media. Aunque no se conserva documentación directa sobre su fundación, los estudios estiman que la torre fue erigida entre finales del siglo XV y comienzos del XVI, coincidiendo con el proceso de consolidación de las propiedades nobiliarias tras la Reconquista. Más adelante, en 1558, Francisco Guerrero y Villena, señor de estas tierras, instituyó el mayorazgo de la Torre de Álvar Ruiz, convirtiéndose en un símbolo de poder y centro de gestión agrícola y garantizando su transmisión hereditaria dentro del marquesado de Valdeguerrero.
Con el paso del tiempo perdió su carácter militar y fue adaptándose a usos residenciales y rurales. En la actualidad forma parte de un conjunto restaurado de edificaciones tradicionales, propiedad privada y fuera de uso turístico o visitable, aunque su conservación contribuye de manera significativa al patrimonio histórico rural de Balazote.
La Torre de Álvar Ruiz se integra así en la red de construcciones defensivas menores que jalonaban antiguamente el territorio manchego, recordando la importancia estratégica y social de estas fortificaciones, hoy transformadas en silenciosos testigos de la historia y la identidad del paisaje albacetense.