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Municipio
Écija
La localidad sevillana de Écija, declarada Conjunto Histórico Artístico en el año 1966, es un crisol de civilizaciones que preserva un importante patrimonio artístico. Fundada hacia el siglo VIII a.C., en tiempos de la civilización tartésica, alcanzó su mayor esplendor durante el Imperio Romano: fue entonces cuando en la población, que vivía del cultivo y la venta del olivo a través del río Genil, se levantó una gran ciudad con trazado y elementos urbanísticos y arquitectónicos propios de Roma. Durante el dominio musulmán mantuvo su relevancia y acogió un importante poblamiento beréber, pero logró su máximo esplendor en el siglo XVIII gracias a las numerosas construcciones civiles e iglesias vinculadas a la Iglesia y la aristocracia. Esta rica historia se preserva y contempla en el Yacimiento Arqueológico Plaza de Armas, ubicado en la zona más alta de la ciudad.
Recorriendo sus calles y sus plazas, como la porticada Plaza de España, se puede disfrutar de la herencia patrimonial de Écija, que transita a partir de la época romana, con la contemplación de una nutrida muestra de mosaicos y del estanque romano, a lo largo de las distintas etapas y estilos que han marcado la historia de la ciudad. De este modo, su pasado descansa sobre templos como las iglesias de Santa Cruz y de Santa María; la de San Juan, conocida por su torre; las de Santiago, Santa Bárbara o Santa Ana, entre otras muchas. Junto a ellas, un largo listado de conventos ejemplo de la importante vida monástica que albergó la ciudad y un interesante abanico de palacios, entre ellos el de Benamejí, construido en el siglo XVIII por los marqueses que le dieron nombre y considerado uno de los ejemplos fundamentales de la arquitectura civil barroca en Andalucía.
Écija también puede presumir de patrimonio natural: el Camino Natural de La Campiña Sevillana es el eje del turismo natural y activo, que permite disfrutar no solo de actividades de senderismo y ciclismo, sino también paseos a caballo, piragüismo y rafting por el río Genil o incluso vuelos en paramotor.
Su Semana Santa, declarada de Interés Turístico Nacional, así como la Feria de Septiembre, brindan al viajero una oportunidad única de recorrer la ciudad, conocer su historia y degustar productos típicos como el aceite o los bizcochos Marroquíes, además de platos como las espinacas labradas, la sopa de gato, la torta de manteca, el mollete o la manteca colorá.