
Puntos de Interés
Orografía
Cañón del río Ebro
La Comarca de las Merindades es conocida por los cañones, desfiladeros y formaciones kársticas que el río Ebro lleva labrando en la roca caliza desde épocas inmemorables.
El origen geológico de esta región tiene su inicio en el Mesozoico, hace más de 66 millones de años, época en la tuvo lugar una elevada sedimentación de materiales marinos, ya que gran parte de la Península estaba sumergida en aquellos momentos. Estos materiales sedimentados se fueron compactando poco a poco hasta posteriormente elevarse durante el proceso de orogenia alpina.
La abundancia de cursos de agua, precipitaciones y ríos son los que, con constancia y tiempo, han ido erosionando la roca dando lugar a estas formaciones que aún continúan configurándose. Una de estas formaciones es el Desfiladero de la Horadada, que se crea entre las sierras de la Tesla y de la Llana, cuando el río Ebro recibe las aguas del río Oca y experimenta un cambio abrupto de rumbo.
Este entorno natural es sorprendente por su espectacular belleza paisajística, que varía notablemente según la época del año, y por su riqueza natural, que incluye bosques de encinas, robles, sabinas, pinos, hayas e incluso tejos centenarios.
La panorámica del desfiladero es bastante impresionante, ya que queda tras el meandro que el Ebro conforma a orillas de la localidad de Trespaderne y se aprecia la altitud del mismo dando como resultado un espectacular paisaje.
En lo alto de un cerro calcáreo se alza la legendaria fortaleza de Tedeja que, a poco más de 2,5 km del centro urbano de Trespaderne, ocupa un destacado relieve de 721 m perteneciente a las estibaciones orientales de la sierra de La Tesla. Desde este singular enclave se domina el profundo desfiladero tallado por el río, que constituye uno de los pasos naturales más espectaculares entre esta zona montañosa al norte de Burgos y la llanura de La Bureba.
Se trata de la fortaleza más antigua de Castilla y una de las más vetustas de España. Este complejo defensivo fue crucial en el control de las comunicaciones entre la Meseta y el Cantábrico ya desde tiempos de los romanos. Sus poderosos muros, que llegan a alcanzar los dos metros de ancho hicieron de este complejo una fortaleza casi inexpugnable. En la parte superior del desfiladero existe un mirador y una zona de descaso en la que disfrutar de las vistas, descansar tras la subida o coger fuerzas para la bajada.