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Cultura
Ermita de San Cosme y San Damián
La Ermita de San Cosme y San Damián se erige separada del pueblo de Vadocondes por el río Duero, próxima a un extenso campo de cultivo. Se alza junto a zarzamoras que toman las aguas del Duero y se rodea de altos chopos y otros árboles que originan un lugar apacible y amable para ser visitado.
No se conoce con certeza cuándo se construyó la ermita, aunque se cree que pudo estar asociada primigeniamente con una población goda. En su constitución actual reúne elementos que se estiman que pueden datar desde la baja edad media hasta el siglo XIX.
El santuario se sustenta en una única planta rectangular alargada levantada en mampostería. Cuenta con tejado a tres vertientes en sus extremos y tejado a dos aguas en su nave central. El austero exterior de la ermita se extiende con un porche sustentado con vigas y columnas de madera y se presidencia la capilla con una espadaña de un único vano rematada en cruz latina. La entrada a la ermita se encuentra en su lateral, decorada por un arco de medio punto.
Por otro lado, el interior del templo cuenta con bancos, columnas y techo fabricados en madera lo que otorga un aspecto confortable y rústico. Nada más entrar la mirada se dirige al retablo mayor y la zona del presbiterio. Esta zona se decora con una bóveda nervada de la que cuelga una vistosa lámpara de araña. En esta zona se atesora el retablo de la capilla que data del año 1767 elaborado por el maestro Manuel de Oria donde se representa a los santos médicos San Cosme y San Damián. En los laterales del retablo se ilustra a San Isidro y Santa María de la Cabeza y en la cúspide del conjunto se ensalza a la Inmaculada Concepción. Tras el retablo se adhiere la sacristía a la cabecera de la ermita.
Cabe mencionar que del 26 al 29 de septiembre se celebran las Fiestas de San Cosme y San Damián en las que se celebra una procesión en honor a los venerados. Esta procesión parte de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Vadocondes y marcha al ritmo de dulzainas hacia la ermita. Tiene la alegre particularidad que durante su marcha los fieles bailan al ritmo de los Dulzaineros del Duero.