
Puntos de Interés
Hidrografía
Río Arganza
El río Arganza (cuyo significado se cree que puede ser el de “abundancia de terrenos pedregosos”) también conocido como río Irrondo o Eirrondu en asturiano, nace en la cordillera Cantábrica, entre los picos Pedrairas y Piqueiro a una altitud de 1440 m. Discurre en dirección nordeste a través de los concejos de Cangas de Narcea, Allande y Tineo, en paralelo al río Narcea, donde desemboca tras recorrer unos 33 km en el Puente de Argancinas.
El ininterrumpido caudal del Arganza sirvió en los primeros compases de nuestra era a los propósitos económicos de Roma durante la ocupación de Hispania. Y es que al finalizar las guerras cántabras en el año 19 a.C., los romanos rápidamente fijaron su interés en los metales que a lo largo de la Cordillera Cantábrica emergían, sobre todo en el oro. Para la extracción del mineral, los ingenieros se valieron del agua para excavar y llegar a las codiciadas vetas. Por este motivo, la cuenca del río Arganza está salpicada de restos y evidencias de la ocupación romana, pues junto a él se han encontrado diversos yacimientos como recintos castreños, estructuras destinadas a la explotación aurífera e, incluso, documentos de epigrafía romana.
Además del aprovechamiento minero que acompañó en otros tiempos al Arganza, la trucha (Salmo trutta) y la anguila (Anguilla anguilla) han sido tradicionalmente los reclamos de los pescadores, quienes han encontrado en el río un modo de vida. Lamentablemente, debido al cambio climático; a la contaminación y a la sobreexplotación, la población de trucha se vio gravemente mermada en el río Arganza, llegando prácticamente a desaparecer. Es por ello que en 2021, la Consejería de Medio Rural y Cohesión Territorial, en colaboración con asociaciones de pescadores del suroccidente asturiano como las de Fuentes del Narcea; de Cangas del Narcea; El Banzao; y de Tineo, pusieron en marcha una campaña de repoblación en las aguas del Arganza.
Después de colocar estratégicamente en la cabecera del río cajas Vibert, un recipiente biodegradable con ranuras en las que se introducen huevas maduras, entre el 90 y 95 % de las 100.000 huevas llegaron a eclosionar. Los alevines que en estas condiciones nacieron se mostraron mejor adaptados al medio que otros, por lo que la repoblación fue todo un éxito. Mientras sigan surgiendo iniciativas de este tipo, la supervivencia de la trucha en el río Arganza está asegurada, pero este suceso debe hacernos recordar lo frágiles que pueden llegar a ser los ecosistemas y que la buena voluntad no alcanza, por desgracia, todos los rincones del globo.