
Puntos de Interés
Hidrografía
Río Pas
Con 61 km de longitud, el río Pas nace a 1496 msnm, en la confluencia de varios arroyos que recogen el agua de las Peñas Negras y culmina su recorrido en la costa cantábrica, formando la ría de Mogro. Esta ría, protegida como parte del Lugar de Interés Comunitario Dunas de Liencres y Estuario del Pas, es un enclave de gran valor ecológico. La cuenca del Pas, la tercera más extensa de Cantabria, sustenta un paisaje de singular belleza y riqueza natural.
Desde 1997, el río Pas y su principal afluente, el Pisueña, están catalogados como Lugar de Interés Comunitario, abarcando 957 ha protegidas. En esta área habitan nueve especies animales de especial interés, y los bosques de ribera, formados por alisos (Alnus glutinosa) y fresnos (Fraxinus excelsior), se conservan en excelente estado, especialmente en la parte baja del río. Estos ecosistemas ribereños son un refugio de biodiversidad y un espectáculo natural para los visitantes.
A lo largo de su historia, el río Pas ha sufrido modificaciones significativas. La canalización de su cauce, implementada para prevenir inundaciones en los pueblos ribereños, ha reducido notablemente las poblaciones de salmón y trucha, especies que antaño definían su riqueza piscícola. Esta intervención, aunque necesaria, ha disminuido la calidad ecológica del río, planteando desafíos para su conservación.
El río Pas no siempre se llamó así. Existen documentos del siglo X donde se le menciona como Gurueva, sin embargo, desde el siglo XI, aparece registrado bajo la denominación actual. El origen de este nuevo nombre es incierto: algunos lo vinculan al latín Pax, en referencia al acto de paz entre cántabros y romanos; otros sugieren que deriva de la palabra passagio, un impuesto medieval que Castilla imponía por el paso del ganado. Sea cual sea su raíz, el nombre Pas perdura como símbolo de la identidad de la región.
Las aguas del río Pas han sido esenciales para la economía de la zona durante siglos. Además de regar huertos y pastos, entre los siglos XV y XIX impulsaron la actividad de las ferrerías, instalaciones que aprovechaban la energía hidráulica para producir de hierro. Esta actividad industrial, junto al comercio y la ganadería, consolidó la importancia del río como eje de desarrollo en los valles de Cantabria.