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Municipio
Corporario
La localidad de Corporario, del latín corporalis, relativo al cuerpo, en posible referencia a una necrópolis, se sitúa como puerta de entrada a Aldeadávila por el este, siendo ambas poblaciones parte del mismo término municipal.
Sin embargo, desde su fundación, pese a ser un poblado anejo de Aldeadávila y de la roda de Masueco, Corporario perteneció al concejo y villa de Ledesma, gozando de cierta autonomía hasta que, en 1972, ante la falta de medios económicos, se incorporó a Aldeadávila de la Ribera.
Al igual que la mayoría de lugares de la zona, Corporario tuvo su origen en el proceso de repoblación surgida tras la Reconquista de Las Arribes de la influencia musulmana por parte de las tropas del Reino de León. Se cree que los primeros colonos pudieron ser riojanos del pueblo de Corporales, quienes trajeron consigo la adoración a la beata Santa Marina y erigieron una ermita en su honor en 1209, hoy desaparecida. Sin embargo, hay que remontarse a 1265 para tener la primera referencia documental de Corporario, aunque no con ese nombre todavía sino como Darios, donde se recogía el préstamo de la Iglesia de Salamanca para la construcción de un templo en estas tierras de Ledesma.
Hoy en día, el lugar más representativo del pueblo es la Iglesia de San Juan Bautista, un destacado ejemplo de arquitectura románica en Las Arribes. Construida en el siglo XIII con sillería de granito y posteriormente unida a su torre-campanario en el siglo XVIII tras una remodelación, la iglesia atesora una colección de objetos que se remontan a la presencia de otras culturas de este margen del Duero, entre los que se encuentran una estela romana añadida a sus muros y varios restos de tumbas visigodas. En su interior destaca la antigua pila bautismal tallada en una sola pieza por los primeros habitantes de Corporario y las tallas de San Juan Bautista y San Blas. Además, el pueblo cuenta con lavaderos tradicionales del siglo XVIII, como el que se abastece de la Fuente Buena, los cuales no sólo servían para lavar la ropa, sino que también fungían como puntos de encuentro social para las mujeres de la localidad, donde compartían noticias y consejos.
Los corporariños se encomendaron a San Juan Bautista tras el milagro que, según la leyenda, sucedió durante una tormenta que acabó por incendiar la iglesia, siendo la talla del santo la única que se salvó de la quema. Aun así, el patrón de Corporario es San Blas, cuyas fiestas se celebran en los días próximos al 3 de febrero con una misa y procesión en su honor, pero donde las orquestas, vaquillas y cabezudos no faltan a su cita anual.