
Puntos de Interés
Infraestructura
Central Hidroeléctrica de Villarino
A raíz de la euforia desatada a principios del siglo XX, debido a los avances científicos realizados en el campo de la electricidad, ingenieros e industriales de todo el globo se lanzaron a la carrera del aprovechamiento de esta nueva tecnología, extendiendo la Segunda Revolución Industrial hasta los albores de la Primera Guerra Mundial.
Fue durante aquellos años cuando en España, el ingeniero José Orbegozo se dedicó a estudiar el caudaloso río Duero, dándose cuenta en el acto de las enormes posibilidades de generación eléctrica que el tramo internacional poseía. Siendo necesaria la participación del país vecino para llevar a cabo un proyecto de esta magnitud, se creó en julio de 1918 la Sociedad Hispanoportuguesa de Transportes Eléctricos que, una década después, pasaría a denominarse Saltos del Duero.
La central hidroeléctrica de Villarino se ideó como una pieza más del gran puzzle de los Saltos del Duero, cuyo pistoletazo de salida tendría lugar tras la finalización de la presa, el embalse y la central de Ricobayo en 1935. Las obras se prolongarían a través de 4 complejos hidroeléctricos más, hasta la consecución, en 1970, del conjunto formado por la presa y embalse de Almendra y la central de Villarino. La construcción de este referente de la ingeniería española supuso todo un hito en la historia de nuestro país, pues con sus 856,5 MW de potencia instalada, la central de Villarino se sitúa en la cuarta posición del ranking nacional de mayores productoras de energía hidroeléctrica, lo que se traduce en una capacidad de proveer electricidad a 567.000 hogares.
Los beneficios de la central hidroeléctrica de Villarino no acaban ahí, ya que además se trata de una central reversible de bombeo mixto, es decir, mediante una serie de bombas puede aprovechar el excedente energético producido por las noches para impulsar agua desde el embalse de Aldeadávila y retornarlo al embalse de Almendra. Esto es de gran utilidad durante las horas de mayor demanda energética, pues permite desembalsar gran cantidad de agua sin temor a perderla. De hecho, a diferencia de otras instalaciones de este tipo, las turbinas que permiten la generación de electricidad no se encuentran a pie de presa, sino a 15 km del salto, en la central hidroeléctrica de Villarino. Tras reconducir el agua por un túnel excavado en la roca de 7,5 m de diámetro y a 100 m de profundidad, casi al final, la galería se bifurca en tres corredores más pequeños de 5 m que a su vez se bifurcan en otros 2 de 2,8 m de diámetro por donde, ahora sí, el agua se encarga de alimentar a los 6 grupos de turbinas-alternador dispuestos en cada uno de ellos. A través de 4 plantas subterráneas, accesibles desde un ascensor que baja hasta los 450 m de profundidad, pueden atisbarse las voladuras de las paredes de roca granítica que fueron removidas para horadar este singular complejo hidroeléctrico subterráneo de nuestra geografía.