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Los Ancares Leoneses
En el noroeste de León, en plena Cordillera Cantábrica, se extiende la Reserva de la Biosfera de los Ancares Leoneses, un espacio declarado en 2006 por la UNESCO por su extraordinaria riqueza natural y cultural. Debe su nombre al río Ancares y el valle por el que discurre, extendiéndose actualmente esta denominación a los valles vecinos. Abarca los municipios de Peranzanes, en el Valle de Fornela, Candín, en el Valle de Ancares, Vega de Espinareda y Villafranca del Bierzo. Todos ellos con una historia profundamente ligada al paisaje que los rodea y pertenecientes al Consejo Comarcal de El Bierzo, en la frontera noroeste de León.
Los límites de la reserva están marcados por dos sistemas montañosos la Cordillera Cantábrica al norte y al oeste la Sierra de los Ancares donde se encuentran los picos más altos, el Cuiña (1997 m), Miravalles (1966 m), El Mostallar (1934 m) y Peñarrubia (1822 m).
Son 56.742 ha que se gestionan mediante un Consorcio formado por los cuatro municipios. Las competencias del consorcio es hacer de esta zona un “Laboratorio de Sostenibilidad” donde el desarrollo local debe ir unido a la conservación de la naturaleza, la investigación científica y su divulgación. Por qué se ha seleccionado esta zona para esto, es a causa de su paraje natural y la cultura de su gente.
Este territorio, de alta y media montaña, es un mosaico de bosques que van cambiando según la altitud. Desde los valles hasta zonas más altas se encuentran: bosques de ribera, robledales (Quercus robur y Quercus pirenaica), abedulares con manchas arbustivas de brezales húmedos de Erica ciliaris y Erica tetralix, y en lo alto, matorral bajo formado por brezo blanco, piornos (Genista obtusiramea y Genista florida), tojos y enebros rastreros.
Además, se pueden encontrar especies emblemáticas como el oso pardo (Ursus arctos) y el urogallo (Teatro urogallus), el aguilucho pálido (Circus cyaneus), el martín pescador (Alcedo atthis), la nutria (Lutra lutra), la lagartija serrana (Iberolacerta monticola) o la salamandra rabilarga (Chioglossa lusitanica). Y, por supuesto, es el refugio ideal de ciervos, cabras montesas, corzos, rebecos, buitres...
En este entorno confluyen más de cuatro figuras de protección, todas con distintas regulaciones y objetivos. La figura de mayor protección es la Zona de Especial Conservación (ZEC) Ancares – Courel que pertenece a la Red Natural 2000, una red ecológica de áreas de conservación a nivel europeo. La ZEC se extiende casi el doble del área de la Reserva de la Biosfera, y en ella se recogen 33 hábitats y 54 especies amenazados. Las otras figuras de protección son: Paisajes Protegidos Sierra de Ancares, varios Lugares de Interés Geológico, dos castaños centenarios declarados Monumentos Naturales y la primera, la Reserva Regional de Caza.
La reserva también es una manera de proteger la vida rural tradicional, con pueblos donde aún se conservan las construcciones de piedra y madera, las fiestas ancestrales y un modelo de vida conectado con el entorno. El patrimonio inmaterial de la zona es rica y variada, con celebraciones marcadas no sólo por la cultura cristiana sino también por hitos primaverales u otoñales, que siguen perviviendo. Algunos ejemplos son, los magostos otoñales, los entroidos (carnavales), los Mayos de Villafranca o los Danzantes del Valle de Fornela.
La reserva promueve el desarrollo sostenible con proyectos que impulsan los productos locales, como la marca “Reserva de la Biosfera de los Ancares Leoneses”, fomentan la educación ambiental y apoyan a la población con formación y recursos.