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Cultura
Castro Chano
En el municipio de Peranzanes a 2 km de Guímara se encuentra el Castro Chano, el yacimiento mejor conservado del valle de Fornela. Fue construido entre el siglo I a.C. y el II d.C. a media ladera del monte El Regatón, en una posición dominante sobre la confluencia de los ríos Mondego y Cúa.
El castro está formado por 20 viviendas de pizarra con planta circular y un diámetro entre los 3,5 y los 5,5 m. Todas muy cercanas unas a otras, sus muros, de más de medio metro de ancho, se alzan hasta los 4 m de altura. Algunas también conservan su distribución interior, tienen un muro para sujetar la viga central que sostenía el techo, el área del fuego de cocina delimitada y bancos de piedra pegados a la pared. En el exterior se conserva un muro de contención de 2 m de ancho que delimita el norte del castro, tres fosos al oeste y una canalización del arroyo Carbanilles.
Además, se han reconstruido a tamaño real varias cabañas en las afueras del yacimiento. En ellas puede verse cómo era la estructura completa y, en su interior, los utensilios, herramientas y enseres utilizados en aquella época. Al ver estas infraestructuras con todos sus elementos, es posible ver semejanzas con las pallozas, casas tradicionales de la zona que son construcciones circulares de piedra y techo de paja.
Los expertos creen que la construcción de este asentamiento coincide con la llegada de los romanos a la región, atraídos por las posibilidades de la explotación minera. Las comunidades locales eran las encargadas de realizar estos duros trabajos, razón por la que este poblado conserva rasgos propios de los antiguos modelos indígenas.
Los objetos encontrados en la zona ofrecen pistas valiosas sobre la vida cotidiana de sus habitantes. La abundancia de útiles agrícolas indica que debían cultivar en los valles cercanos. Además, el elevado e insólito número de herramientas de hierro, fabricadas con materiales de origen local, según los análisis, apuntan a la existencia de una forja dentro del propio castro.
A pesar de todo ello, la vida en este lugar fue breve. Se calcula que el poblado fue abandonado bruscamente apenas 50 años después de su construcción, ya que se han encontrado pequeños tesoros compuestos por monedas ibéricas, denarios, que nunca fueron recuperados. Curiosamente, no se han encontrado indicios de incendios ni signos de ataque en las viviendas, lo que plantea un enigma sobre las verdaderas causas de su repentino abandono.