
Puntos de Interés
Municipio
Tuñón
Tuñón es una pequeña parroquia del concejo de Santo Adriano, en plena naturaleza asturiana, donde la historia y el paisaje se dan la mano. El edificio más importante del pueblo es el templo prerrománico de Santo Adriano de Tuñón, construido en el año 891 por orden del rey Alfonso III. Posteriormente fue restaurado en 1108 y 1949, y desde 1931 es un Bien de Interés Cultural y Monumento Histórico.
Esta iglesia rinde culto a los santos Adriano y Natalia, y su arquitectura es una muestra típica del arte asturiano: cuenta con una planta basilical dividida en tres naves, comunicadas por arcos de medio punto, un gran pórtico de entrada y una estancia lateral. En el lado opuesto a esta estancia se encuentra el cementerio.
En entorno natural de Truñón también es de gran valor. El Reguero de Rozapín atraviesa el término municipal de Tuñón, para acabar uniéndose al río Trubia, al suroeste del pueblo, que bordea la parroquia antes de internarse entre las montañas.
A pocos metros del pueblo hay un área recreativa a orillas del río Trubia, ideal para descansar o pasear. Allí mismo, el Puente de la Esgarrada cruza el río y conduce hasta el Camino Natural de la Senda del Oso, una antigua vía ferroviaria convertida en ruta cicloturista y senderista. En este rincón se levanta un monumento dedicado al oso.
En el municipio se encuentran varias cuevas prehistóricas, como la Cueva del Conde, la del Ángel, el Abrigo de Santo Adriano, las Cuevas de Los Torneiros y la Cueva de El Rebollal. Este conjunto arqueológico, situado en el valle de Tuñón conserva pinturas rupestres del Paleolítico, así como restos óseos de diferentes animales y herramientas de cacería que prueban la existencia, hace más de 40.000 años, de un asentamiento humano y un centro de cazadores en el valle.
El 20 de enero se celebra en Tuñón la fiesta de Los Mártires, dedicada a San Fabián y San Sebastián, una jornada festiva marcada por la devoción, la música y la buena comida. y con acceso a los recursos esenciales como madera, hierro, carbón y, por supuesto, agua.