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Casas de Don Pedro
Ubicada en el pintoresco noreste de Badajoz, a orillas del sereno río Guadiana y cerca del embalse de Orellana, Casas de Don Pedro se yergue como un tesoro histórico lleno de encanto. Su nombre se teje en la leyenda, atribuyéndose a una supuesta exclamación del rey Pedro I de Castilla, "El Cruel", quien al divisar las viviendas habría pronunciado las palabras "casas veo" tras la batalla de Montiel.
El entorno que abraza a Casas de Don Pedro es de una belleza cautivadora, donde suaves ondulaciones cubiertas de dehesas se funden con imponentes riscos y bosques. Aunque los documentos escritos sobre su origen histórico son escasos, se han descubierto vestigios de asentamientos romanos en sus cercanías. Sin embargo, sus primeros registros datan del período medieval, entre los siglos XII y XIII, durante las guerras cristiano-musulmanas, cuando fue donada a la Orden de Alcántara para la repoblación de Extremadura tras la conquista cristiana. Más tarde, la localidad estuvo bajo el dominio de prominentes instituciones nobiliarias como los Condes de Belalcázar o los Duques de Béjar, alcanzando el estatus de villa independiente en 1733 durante el reinado de Felipe V.
El patrimonio arquitectónico de Casas de Don Pedro es un testimonio vivo de su rica historia. Destaca la Iglesia de San Pedro Apóstol, un edificio gótico civil del siglo XIV, cuya portada exhibe motivos vegetales y el escudo del Duque de Béjar. En su interior, se expone un retablo del siglo XVI que adorna la capilla mayor. La influencia mudéjar también deja su impronta en la Ermita de Nuestra Señora de los Remedios del siglo XVI y en los restos de la Ermita de San Sebastián. Además, las elegantes casas y palacios señoriales adornados con escudos de piedra, representando la Cruz de Alcántara, añaden un toque de esplendor histórico al paisaje urbano.
A lo largo de los años, Casas de Don Pedro ha evolucionado de ser un centro agrícola dedicado principalmente al cultivo de cereales, olivos y viñedos, a diversificar su economía con el turismo rural y la artesanía. La gastronomía local es una auténtica delicia, reflejando la riqueza culinaria de Extremadura. Platos como el gazpacho extremeño, las migas con torreznos, el ajoblanco, el cordero asado o en caldereta, y los productos de la matanza son parte del deleite gastronómico que ofrece la región. Y para los amantes del dulce, los postres caseros como las flores, las candelillas, los "Bollos de los Santos", las perrunillas y los buñuelos endulzan los paladares tanto de lugareños como de visitantes.
Las fiestas son parte importante de la vida en Casas de Don Pedro, destacando las Candelas y los Carnavales en febrero. En mayo la Romería de San Isidro Labrador y el Corpus Christi con sus Coplas del Rosario de la Aurora y los Diablucos. En agosto el calendario festivo finaliza con las Fiestas Patronales de la Virgen de los Remedios.