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Camino Natural Vía Verde del valle del Eresma
Un viaje sin prisas por los paisajes de Castilla
El Camino Natural Vía Verde del valle del Eresma invita a recorrer, a pie o en bicicleta, uno de los valles más emblemáticos de Castilla siguiendo el antiguo trazado del ferrocarril Segovia–Medina del Campo. En total, 73 kilómetros rehabilitados para el uso no motorizado que conectan Segovia y Olmedo a través de un itinerario cómodo, accesible y cargado de historia.
El Camino Natural Vía Verde del valle del Eresma es una de esas rutas que se disfrutan despacio, sin prisa y con los sentidos bien abiertos. A lo largo de sus 73 kilómetros, este antiguo trazado ferroviario se ha transformado en un itinerario perfecto para todo tipo de personas.
El camino nos traslada desde la monumental ciudad de Segovia hasta las puertas de Olmedo, alternando túneles, antiguos puentes ferroviarios, estaciones restauradas y áreas de descanso integradas en el paisaje.
Durante más de un siglo, el tren circuló por este corredor ferroviario hoy recuperado como Camino Natural. El río Eresma, siempre presente, acompaña buena parte del recorrido como testigo silencioso del paso de viajeros y mercancías. Hoy ya no pasan trenes, pero sí senderistas, ciclistas y familias que descubren un valle modelado por el agua y la agricultura donde además destacan amplias masas de pino resinero en plena actividad de resinación, una imagen muy característica de este territorio.
La ruta arranca en un lugar inmejorable, la ciudad de Segovia, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Partir a los pies del acueducto romano, con la catedral y el alcázar vigilando desde lo alto, es ya un regalo antes incluso de empezar a caminar. Desde el conocido Puente de Hierro, el camino natural se despide poco a poco del casco urbano y se adentra en el valle del arroyo Tejadilla, atravesando el túnel de Perogordo y paisajes abiertos de cultivos de cereal.
Este primer tramo es ideal para recorrer en bicicleta con niñas y niños o para una excursión tranquila. El trazado es suave, cómodo y muy bien acondicionado, con áreas de descanso que invitan a parar, mirar alrededor y continuar el viaje.
A medida que el camino avanza, el río Eresma empieza a ganar protagonismo. Aparecen antiguos molinos, los bosques de ribera, con sauces, fresnos, las choperas de producción y pequeños municipios rurales que conservan una fuerte identidad local y donde merece la pena detenerse para conocer su patrimonio, su arquitectura popular y su gastronomía.
Cruzar el puente de Lobones, caminar junto a los meandros del río o llegar a localidades como Hontanares de Eresma permite entender hasta qué punto este paisaje ha sido trabajado y cuidado generación tras generación. Aquí el camino se cruza incluso con el Camino de Santiago, recordando que estas tierras siempre han sido lugar de paso.
Estaciones, pinares y memoria ferroviaria
Desde la estación de Yanguas-Carbonero comienza el segundo tramo, donde el río se va despidiendo poco a poco para dejar paso a extensas llanuras de cereal y a los grandes pinares de pino resinero. Antiguos apeaderos como Armuña o estaciones tan bien conservadas como la de Ortigosa de Pestaño muestran a quienes se animen a recorrer el camino natural la historia del ferrocarril.
Resulta especialmente interesante cómo el camino atraviesa zonas donde aún se practica la resinación, una actividad tradicional que sigue siendo clave para la economía local. Las marcas de resina en los troncos, con sus tonos amarillos y anaranjados, crean una estampa muy característica de esta parte de Castilla.
Literatura, arte y grandes finales
La tercera etapa, entre Nava de la Asunción y Olmedo, es un auténtico viaje cultural. En Nava, la antigua estación alberga hoy el museo dedicado al poeta Jaime Gil de Biedma, que encontró aquí inspiración y refugio. Más adelante, el camino cruza el río Voltoya por un impresionante puente y se acerca a Coca, la antigua Cauca romana y cuna del emperador Teodosio I, con uno de los castillos mudéjares más espectaculares de España al que acompañan la muralla medieval y la torre de San Nicolás.
El tramo final conduce hasta Olmedo, villa histórica de la provincia de Valladolid con un notable legado arquitectónico y cultural y ligada para siempre a El caballero de Olmedo de Lope de Vega. Pasear por su recinto amurallado, descubrir sus iglesias, su parque temático del mudéjar o coincidir con el Festival de Teatro Clásico en verano es la mejor recompensa tras el recorrido. Sin duda un broche perfecto para este viaje.